“Divide y reinarás”: la vieja estrategia de las clases dominantes para desactivar la movilización popular

Las luchas de masas avanzan, sí avanza el factor consciente


 

 

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“Los problemas de carácter ideológico y los problemas de controversia en el seno del pueblo, pueden resolverse únicamente por el método democrático, por medio de la discusión, la crítica, la persuasión y educación, y no por métodos coactivos o represivos.”

(Mao Tse-Tung, El tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, 27 de Febrero de 1957)

 

Una de las consecuencias más importantes del proceso de reagrupamiento y reconstrucción por el que atraviesan las fuerzas democráticas y revolucionarias en nuestro país, tiene que ver con la aparición en intensidades y formas distintas, de importantes movilizaciones y estallidos populares, lo que sin duda significa un nuevo despertar de la lucha de las masas. Los paros nacionales agrarios de los últimos meses son parte indiscutible de este torrente.

Las luchas campesinas de Agosto de 2013 y Abril-Mayo de 2014, dejaron ver una potente capacidad de movilización de ese sector, una incipiente pero destacable coordinación entre luchas rurales y urbanas, que afrontando años de reflujo y represión, dieron un salto en lo que a la politización y entendimiento de las masas campesinas respecta. No obstante la capacidad organizativa y de coordinación de las luchas, sigue existiendo un vacío enorme que obedece a la dispersión, deshielo y atomización del sector democrático, que aunque se fortalece a partir del crecimiento de tal o cual proyecto organizativo en particular, no logra revertir esa relativa escalada cuantitativa en la vinculación de amplias masas populares, no digamos a una organización en particular, sino a la idea de la transformación revolucionaria en general.

En el caso del movimiento campesino colombiano y de otras luchas de masas (ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS POR EJEMPLO), esta condición no ha impedido la unidad estratégica que en el mediano plazo se ve lejana, sino la posibilidad de coordinar luchas, consolidar unidades de acción y obtener victorias que redunden en la acumulación de fuerzas del proyecto democrático y aseste golpes más certeros a las clases dominantes, el imperialismo y sus planes. El sectarismo, el hegemonismo, la intención de imponerle al otro a toda costa “mi agenda”, la tendencia a pactar con unos y no con otros, la intención de supeditar y no establecer relaciones de igualdad entre las distintas fuerzas u organizaciones políticas, son muestra de un incorrecto manejo de las contradicciones en el seno del pueblo, que han minado las posibilidades de unidad táctica y han restado a las luchas de masas contundencia y proyección.

Ante ese panorama de desarticulación y fragmentación se ríen las clases dominantes, porque aprovechando nuestras contradicciones internas, resuelven y desactivan luchas concretas que se les pueden salir de las manos; sin prisa pero sin pausa quitan el naipe que hace caer la torre y ¡listo! Firman un decreto: un sector queda contento y la solidaridad –esa que nos diferencia de la oligarquía calculadora y explotadora, esa que debe ser ley entre los de abajo– no pasa de la mención en un comunicado. Claro que la represión y la infiltración han hecho lo suyo, pero nosotros les dejamos abierta la puerta y facilitamos mucho el trabajo, con nuestros brotes de sarampión prepotente.

Ejemplos de estos en la historia existen muchos. Allá en la década de los 70´s la Asociación nacional de Usuarios Campesinos ANUC fue dividida por el gobierno para restarle capacidad de negociación y lucha a los campesinos, porque una ANUC atomizada no era lo mismo que una ANUC con matices y diferencias pero unida en lo fundamental, dando luchas, recuperando tierras, plantando las banderas de la reforma agraria en las haciendas del terrateniente. A la bifurcación de esa potente herramienta de lucha, sirvió de base el infantilismo de los revolucionarios que quisieron instrumentalizar la ANUC para que esta sirviera de caja de resonancia exclusiva de su política, sin ceder nada, y aplastando a los demás sectores, ¿necesitaba la ANUC para cumplir su papel en la lucha, definir si la revolución era democrática nacional en marcha al socialismo, o socialista a secas? Estas discusiones de hace tantos años, de las que se supone debimos sacar lecciones, las repetimos todavía: que sí el párrafo no dice esto entonces yo me aparto, que la MANE sobre paz tiene que decir esto y aquello, o si no…

La culpa, claro está, no es de los campesinos, ni de los estudiantes de la MANE, ni de ningún hombre del pueblo que lucha; la responsabilidad cabe a nuestros infantilismos a un vanguardismo que en Colombia no tiene cabida, no porque sea innecesaria la existencia de vanguardias en el proceso revolucionario, sino porque esta no es propiedad única de una organización, esta es colectiva y para poder triunfar nos toca juntarnos, así de sencillo.

No hare aquí una apología a una unidad gaseosa y babosa a la que casi todo el mundo alude, pero a la que muy pocos están dispuestos en las presentes condiciones. No hay porqué engañarnos, la unidad estratégica del movimiento popular se demora todavía; pero ello no niega que podamos discutir cómo hacer avanzar el combate popular en el momento presente a partir de la unidad de acción, cómo potenciar juntos la lucha de masas, cómo deponer infantilismos y sectarismos, cómo aprender del pasado, renunciando a los esquematismos (NUNCA A LOS PRINCIPIOS Y MENOS AL DEBATE) dejando de ver al otro como el enemigo, prodigándonos solidaridad, fortaleciendo entre nosotros lazos de respeto mutuo y discusión franca, podemos no hacerlo por nosotros que al parecer nos seguimos creyendo el cuento de que el mundo no había cambiado porque no habíamos nacido nosotros; entonces que la motivación para transformar nuestras concepciones y practicas respecto a la solución de las contradicciones en el seno del pueblo, sea la gente sencilla y sus aspiraciones, ese pueblo al que tanto apelamos y que reclama de nosotros madurez. El asunto del poder es tomarlo, pero hay que merecerlo, no cae del cielo.

Esa forma de abordar el problema de la cooperación, la solidaridad y la unidad de acción de distintas fuerzas en las luchas concretas, objetivamente hace el juego al enemigo, priva a las masas de victorias y avances, trae reveses a la causa del pueblo y no sirve a nadie. No permitamos que las clases dominantes cabalguen sobre nuestros yerros, mostremos a las gentes sencillas que estamos listos para dirigir la construcción de una sociedad nueva.

No hablamos aquí de decretar la unidad, mañana no vamos a salir tomaditos de la mano a capturar el poder en Bogotá, pero si podemos en el aquí y el ahora desbrozar los caminos de la unidad, se trata de transformarnos para transformar el mundo.

 

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